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El fado y las fiestas de Algemesí, nuevos Patrimonios Inmateriales de la Humanidad

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El comité intergubernamental de la Unesco, reunido en la isla indonesia de Bali, inscribió ayer en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a nuevos miembros entre los que destacamos el fado portugués y las fiestas de Algemesí (Valencia).

Mediante este impulso se valora la riqueza de diversos patrimonios dignos de ser apoyados, salvaguardados, recuperados y transmitidos de generación en generación sin perder su carácter genuino.

Las fiestas de Algemesí, riqueza multicultural

La festividad de la Mare de Déu de la Salut de la ciudad española de Algemesí (Valencia) ha sido declarada patrimonio inmaterial por “su valor cultural que pasa de generación en generación”. El comité de expertos ha reconocido la dimensión ritual, festiva y de participación comunitaria de la fiesta.

El ritual, cuyo origen se remonta al siglo XIII, incluye piezas teatrales, procesiones, danzas y músicas que tienen lugar el 7 y 8 septiembre en Algemesí.

La Unesco también ha subrayado los esfuerzos de salvaguardia de la festividad fuertemente ligada con la identidad de la población de la localidad valenciana. Se trata de una ceremonia con orígenes religiosos que casi se ha paganizado, un rito en el que se mezclan elementos de cultura romana, cristiana, morisca y judía, dando cuenta de esa riqueza multicultural que impregna tantas de nuestras fiestas.

La fiesta se remonta a 1247, cuando se halló una imagen mariana en el tronco de una morera, que fue el referente sobre el que se fundamenta una procesión de danzas y música singular en la que se mezclan tradición, fe y cultura por las calles de Algemesí.

El momento más esperado es el de la Muixeranga, una música al ritmo de la cual se alzan torres humanas al modo de los castells catalanes, que recordemos que precisamente fueron declarados Patrimonio inmaterial de la Humanidad el año pasado.

El fado, alma portuguesa

El Diccionario de la Real Academia define el fado como “Canción popular portuguesa, especialmente lisboeta, de carácter triste y fatalista”. Pero detrás de esta definición, a la fuerza simplista, existen unos doscientos tipos de fados, cada uno con su nombre y una estructura musical distinta, distinciones sólo al alcance de los más entendidos.

Pero cualquiera puede sentir y emocionarse con el fado, cantado genuinamente en los barrios populares de Lisboa, como Alfama. Una de mis asignaturas pendientes en Lisboa.

Ayer se conmemoraba el reconocimiento mundial de esa música por la UNESCO en distintos lugares de Lisboa, cómo no, a ritmo de fado. Fue en el Museo del Fado, la institución municipal que ha centralizado el desarrollo de la candidatura, donde más se celebró esta designación. El Museo mantuvo abiertas sus puertas, día y noche, durante todo el fin de semana.

Os dejo con la definición del fado, mucho más emotiva, que hizo en 1929 el escritor Pessoa:

El fado no es alegre ni triste, es un episodio del entreacto; el alma portuguesa lo concibió porque lo deseaba todo aunque no tuviera fuerza para realizarlo. El fado es la fatiga de un alma curtida, la mirada despechada de Portugal hacia ese Dios en que había creído y que también le ha abandonado. En el fado, los dioses vuelven, legítimos y lejanos.

La UNESCO también ha destacado otros Patrimonios Inmateriales de la Humanidad en Hispanoamérica: la música mariachi de México, el saber tradicional de los chamanes jaguares del Yuruparí de Colombia, y el peregrinaje al santuario del Señor de Qoyllurit’i de Perú. Volveremos sobre ellos.

Vía | El País
Foto | pedrosimoes7 en Flickr-CC
En Diario del viajero | Nuevos Patrimonios de la Humanidad, Nuevos Patrimonios Culturales de la Humanidad

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