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El Jardín Botánico de Wellington

El Jardín Botánico de Wellington
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A menos que se sea un auténtico apasionado de la botánica, así dicho puede parecer un plan no demasiado tentador, pero a la hora de la verdad resulta casi imposible viajar a Wellington y no visitar su gran Jardín Botánico.

El motivo es muy simple: el Jardín Botánico de Wellington se encuentra en la ladera de la colina a la que se accede con el Cable Car, y siendo éste uno de las mayores atracciones de la ciudad, a la larga todo aquel que sube no puede resistir la tentación de hacer el descenso a través de estos preciosos jardines que, además, ofrecen unas fantásticas vistas de la ciudad.

Si no fuese así, muchos se perderían otro de los grandes atractivos de Wellington. Creado en 1868, el Jardín Botánico de la capital de Nueva Zelanda ocupa una extensión de 25 hectáreas de bosque protegido que son el hogar de centenares de especies de flores y plantas de todo el mundo.

Además, el Jardín Botánico de Wellington esconde otras sorpresas como diversas esculturas, un gran invernadero de estilo victoriano, un estanque y una rosaleda realmente espectacular. Saliendo del Jardín y casi llegando al final de la colina se encuentra uno de mis puntos preferidos, el antiguo cementerio de Bolton Street, con muchísima historia (explicada en claros paneles informativos) y extremadamente fotogénico.

El paseo por el Jardín Botánico de Wellington es una auténtica delicia en días soleados, especialmente los fines de semana, cuando se llena de locales que acuden a él para pasear, jugar con sus niños o hacer deporte.

Foto | Aidan En Diario del Viajero | Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa, en Wellington, Nueva Zelanda: cruzar el Estrecho de Cook en ferry

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