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Turismo educativo

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El turismo educativo es una de las tendencias con mayor crecimiento en estos últimos años. Los viajeros se abren cada día más a nuevas formas de conocer mundo, y las posibilidades de aprender se suman a otras ya existentes.

En algunos casos, las actividades de aprendizaje en el destino se realizan como anexas al objetivo de viaje en sí. La asistencia a un congreso da pie a participar de eventos educativos, o de vivir experiencias locales que acrecienten nuestro conocimiento del medio que nos recibe.

En otras ocasiones, el objetivo del viaje es el aprendizaje en sí mismo, como en el caso de los viajes de estudio, de inmersión cultural, de práctica de idiomas, etc.

Para muchos viajeros del hemisferio norte, los meses de mayo y junio señalan el fin de un año acadeámico más y el inicio de una nueva temporada de viajes. En algunos países, las alternativas de viajar con el objeto de aprender suelen llevar otros nombres más "eufemísticos": ampliar horizontes laborales, enriquecer la visión global, crecimiento personal, afianzamiento de conocimientos, etc.

En realidad se trata de viajar, de ver otras realidades y aprender de ellas, de abrirse a distintas formas de vivir el mundo, de conocer tradiciones difrerentes, de abrir la visión personal.

Desde esta óptica, el viaje pierde una parte de la relajación que conlleva tradicionalmente para "obligarnos" a actuar. Participando en actividades locales, interiorizándonos de trabajos o tradiciones, aprendiendo, preguntando, tomando parte.

Personalmente no veo al turismo educativo como algo distinto a lo que siempre hemos realizado quienes tenemos ojos curiosos. Viajar a un destino no sólo para observarlo desde la distancia, sino para meternos en cuerpo y alma en el lugar que nos acoge.

Foto | María Victoria Rodríguez En Diario del Viajero | Turismo: motor económico y social

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