
Hace pocos días un amigo personal subía a un avión con la firme determinación de vencer su miedo a volar. Estaba a su lado y podía sentir el temor y la angustia que la experiencia le estaba provocando aún antes de ocupar su asiento.
En el grupo que lo acompañábamos estábamos al tanto de su aversión por los aviones y sabíamos que era un momento importante, decisivo, para superar este freno que le impidió hasta ahora viajar mas allá del coche o del tren. De esta experiencia dependía que en el futuro pudiera subirse solito y viajar donde le viniera en gana.
Nerviosismo, palpitaciones, ganas de salir corriendo del aeropuerto. Podía leerlo todo en sus ojos que no paraban de mirar de un lado al otro buscando una salida de emergencia que lo llevara directo a su casa. Pero se sobrepuso a sus miedos con algunos truquitos de quienes estábamos allí con él.



