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Cultura popular en el mercado Lanza de La Paz

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Hoy voy a hablaros de un lugar muy especial para mí; uno de esos sitios que, sin haberlo previsto, de vez en cuando te sorprenden y su imagen queda grabada en tu retina para siempre. En este caso, el lugar al que me estoy refiriendo es el mercado Lanza de La Paz, en Bolivia.

Una de las prioridades en mi lista de cosas por hacer cuando llego a cualquier ciudad del mundo, es visitar su mercado. Y no me refiero al mercado de artesanías o souvenirs enfocado a los turistas, sino al verdadero mercado; ese donde los locales hacen la compra diaria y, en muchos casos, se desarrolla gran parte de su vida.

Pasear por un mercado es una excelente forma de empaparse de la cultura de un país. En esos lugares no hay nada preparado, se imponen la rutina y la normalidad, lo cual los convierte en un excelente campo de observación para tratar de comprender un poquito la idiosincrasia de una sociedad que puede enseñarnos tantas cosas de su propia cultura y de nosotros mismos.

Con esta predisposición, esta ligera tendencia a enamorarme de casi todos los mercados por los que paso, tal vez se comprenda que ni yo misma me esperase que el mercado Lanza de La Paz fuese a impresionarme tanto.

Se trata de un enorme edificio de hormigón (desde el exterior, bonito, lo que se dice bonito, no es; las cosas como son) situado a pocos metros de la Iglesia de San Francisco, en la plaza del mismo nombre.

Mercado Lanza, La Paz (2)

El mercado tiene cuatro pisos o niveles, cada uno dedicado a una “temática” diferente: el mercado propiamente dicho, en el subsuelo, con sus carnicerías y verdulerías; los joyeros, floristas, libreros y artesanos, en la planta baja; los comerciantes del pasaje Lanza y los productos de bazar, en la segunda; y el área de comidas en las plantas superiores.

Por tener, el mercado cuenta hasta con una guardería, un centro de salud y áreas verdes. Como remate, baste decir que el número de comerciantes que la infraestructura puede alojar supera el millar.

La zona que más me impresionó, con gran diferencia, fue la dedicada a los kioscos de comidas, zumos y demás aperitivos. En mi paso por Bolivia, este no era el primer mercado que visitaba, pero jamás había visto nada parecido, ni remotamente.

Cientos. Digo cientos de kioscos, unos frente a otros, junto a otros, sirviendo comidas constantemente: picantes, revueltos, ajís, pescados, api… todo lo que podáis imaginar, y más, pero multiplicado por diez.

No recuerdo las horas que pasé en ese mercado el primer día, pero sí que volví al siguiente, y al siguiente. Por eso, cuando alguien me pregunta alguno de los atractivos para ver en La Paz en un par de días, nunca lo dudo: el mercado Lanza, ¡todo un mundo!

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