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Mi experiencia conduciendo por la mítica Ruta66 (y III): la locomotora del desierto

Mi experiencia conduciendo por la mítica Ruta66 (y III): la locomotora del desierto
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Os continuo narrando mi aventura en mi viaje a través de un tramo de la Ruta66, iniciada en Mi experiencia conduciendo por la mítica Ruta66 y Williams y la venta de souvenirs, justo cuando el Chevrolet que conducía llegó a Kingman, posiblemente la localidad más grande y moderna de todas cuanto nos habíamos encontrado desde Williams.

Nuestro principal objetivo en Kingman era comer en un diner que parecía haberse quedado congelado en los años ´50, el Mr D´z. Como si de repente fueras Danny Sucko en la película Grease. Su dirección es 105 E Andy Devine Ave.

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Creímos que, al ser un lugar tan pintoresco, como podéis contemplar en las fotos que tomamos, de lo que menos se preocuparían es de cocinar bien. ¡Y menuda sorpresa! Si bien la comida era bastante elemental y calórica, como mandan los cánones de un buen diner de 1950, la calidad era excelente.

hamburguesa
Probamos una hamburguesa que se cuenta entre las mejores que comimos en Estados Unidos. Las patatas, en realidad boniato frito cortado en forma de patatas, eran deliciosas. Y el postre, un banana split, fue la guinda perfecta para una comida temática. La camarera, por supuesto, respondía a un nombre típico de camarera de diner, y vestía como tal, y también mascaba chicle y era simpática como una camarera de diner.

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Lo mejor de parar a comer en Mr D´z es que, justo al lado (de hecho se podía ver por la ventana) descansa la gigantesca, la titánica, la faraónica locomotora a vapor Santa Fe. Sus dimensiones son tal colosales que basta con que miréis la foto que me hice frente a una de sus ruedas. Además, uno puede subir hasta la cabina de mando. Y todo gratis. Por no haber, ni siquiera había vigilancia. La locomotora sencillamente está allí, como dejada por un ovni en mitad de un terraplén.

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Mientras nos deleitábamos con la locomotora, además, cruzó un tren de mercancías a lo lejos. Uno de esos trenes típicamente norteamericanos que miden cientos de metros, y que a paso muelle perpetúan su traqueteo durante casi cinco minutos. Una versión moderna del Santa Fe. Una escena típica de película del Oeste.

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La Santa Fe es una locomotora mítica que fue donada a la ciudad de Kingman en 1953, después de haber hecho un recorrido total de más de 2 millones de millas desde 1928. Su trayecto era Los Ángeles – Kansas City.

Al otro lado de la calle también encontraréis el museo de la Ruta66, aunque éste sí que es de pago.

No tardamos en proseguir nuestro viaje, porque aún nos quedaba por cruzar el desierto de Mojave. Una ruta tan árida y desangelada que, antes de entrar en él te advierten mediante diversos carteles que llenes el tanque de combustible de tu vehículo y te proveas de botellas de agua: imagina que tu coche se avería en mitad del desierto, bajo un sol de mil diablos, a un temperatura que en ocasiones supera los 40 ºC.

Mojave
Yo. En el Mojave. Buscando agua.
El viaje por este tramo es casi legendario. Te sientes como Kerouac. Como si condujeras una caravana del Oeste. O como Eastwood al galope, dirigiéndote hacia el ocaso. Con el aire acondicionado a tope, pues, pisé el acelerador, activé el Cruise Control, y nos deleitamos durante unas cuantas horas con el paisaje crepuscular. Muy a lo lejos, en el horizonte, avirozamos una tormenta con mucho aparato eléctrico. Nos llovió un poco.

Luego regresó de nuevo el sol de justicia. Y progresivamente, casi sin darnos cuenta, las rectilíneas carreteras de doble sentido dieron lugar a las enormes autopistas Interestatales que nos invitaban a entrar en la populosa y megalomaníaca Los Ángeles. Allí donde moría la Ruta 66. Justo frente al mar Atlántico.

Pero eso os lo contaré en otra ocasión.

Fotos | Sergio Parra En Diario del Viajero | La carretera de Lincoln: la antigua ruta que atraviesa EEUU | Motel Wigwam: dormir en una tienda india

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