Diez cosas de las que no deberías fiarte cuando viajas (y II)

Diez cosas de las que no deberías fiarte cuando viajas (y II)
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Tras la primera entrega de este artículo, continuamos abordando cinco cosas más de las que no deberías fiarte cuando viajas (y que pasan bastante desapercibidas en el mundo del turismo).

Así pues, tras La estadística miente menos que tú; Lo puro no es tan puro porque lo miras; La tradición solo es repetición, no belleza; Mundo Glocal y El sabio de la montaña, vamos con:

6. La gente es así

La única manera de determinar que en un sitio la gente es más seria, más generosa, más guapa, más lo que sea, es visitando todos los países del mundo y conociendo a muchas personas aleatoriamente de esos lugares (o de empaparnos de miles de estadísticas al respecto). De lo contrario, solo estamos determinando que la gente es así o asá en función de la gente que hemos conocido en nuestro país (u otros países); o mejor: la gente con la que nos hemos cruzado, que no es necesariamente el paradigma de gente de ningún sitio.

Hay muchos alemanes que son cuadriculados, pero también hay alemanes que no lo son, por ejemplo. Determinar que los alemanes son cuadriculados solo significa que lo son respecto a como somos nosotros y la gente que conocemos, pero quizá, en comparación con todos los países del mundo, los alemanes no sean especialmente cuadriculados. Antes de vertir una opinión sobre gente diversa de un país, pues, quizá deberíamos despojarnos de prejuicios y, en cualquier caso, estudiar los análisis sociológicos publicados al respecto. De lo contrario solo estamos hablando por hablar.

7. ¿El futuro? Ni idea

No sabemos cómo nos sentiremos en el futuro, por eso no sabemos si nos gustará un destino hasta que vayamos, ni sabremos si seremos felices en una playa paradisíaca hasta que vivamos allí unos meses (y lo habitual es que nos cansemos de ella y aspiremos a otro lugar mejor). Por eso hay tantos suecos que anhelan las playas españolas y tantos españoles que anhelan el civismo de las calles suecas (aunque llueva). David Schkade, profesor de la Universidad de California, por ejemplo, estudió por qué hay tanta gente que aspira a vivir a California y cree que así será más feliz… y por qué al final resulta que no es así, en la mayoría de ocasiones.

8. Aquí es donde mejor se come

La mayoría de la gente de cualquier país que visitéis os dirá cosas del tipo: aquí es donde se come mejor tal, aquí es donde hay las mejores montañas pascual, por aquí se llega al lago más bonito del mundo, o la gente es más educada y buena que allá. Todo es mentira. Todos creemos que estamos por encima de la media (lo cual entraña una contradicción en sí misma), y que nuestro país es mejor que el país del vecino.

Tampoco se tiene en cuenta que los gustos de cada uno puede que no coincidan con los gustos de otro: un pueblo precioso para mí puede no ser tan especial para otro, y viceversa. A este sesgo psicológico se le llama efecto Lago Wobegon.

9. No te fíes si eres experto

Los viajeros que más accidentes sufren, porcentualmente, son los más experimentados, los que van en grupo o los que están familiarizados con el lugar. Exceso de confianza, sesgo endogrupal, y el mismo mecanismo que se pone en funcionamiento cuando conducimos del trabajo a casa o de casa al trabajo: bajamos las defensas, prestamos menos atención, usamos más el piloto automático. Por ello la mayoría de accidentes se producen en trayectos cortos y familiares. Si vamos en grupo, también suspendemos nuestro criterio y pensamos, "si todos están subiendo esta montaña, no será difícil, yo también puedo", cuando es posible que todos estén subiendo esa montaña precisamente porque piensan lo mismo que tú.

10. No hay verdad absoluta (obvio)

Viajar no es una ciencia. Nadie sabe la verdad absoluta. Pero sí podemos establecer modelos que parecen concordar mejor con la realidad, porque los datos proceden de estudios longitudinales, de observaciones aleatorias y tamaños muestrales grandes. Cuando dudéis de un dato, nunca aduzcáis vuestra experiencia personal como un dato de superior categoría: exigid mejores fuentes o estudios más exhaustivos. Porque decenas de sesgos psicológicos imposibilitan que las experiencias personales sean eficaces a la hora de extraer la verdad sobre el funcionamiento del mundo (por ello, de hecho, el “pues a mí me funciona” de los tratamientos médicos suele ser la respuesta de la gente, y no “aquí está un metanálisis de los últimos ochocientos estudios al respecto de este medicamento”).

Finalmente, viajar es disfrutar. Leer un libro de viajes sobre la experiencia de un viajero en particular solo es una forma de penetrar en otro mundo a través de una persona con capacidad de observación y empatía. A veces las cosas no son igual si las leemos que si las vivimos en primera persona. Viajar es moverse, no solo pensar y leer estudios. De modo que, ante todo, viajad. Viajad todo lo que podáis. Escuchad a todo el mundo. Contemplad todo lo que podáis. Pero nunca pontifiquéis, ni frente a los demás, ni frente a vosotros mismos. Porque, probablemente, os equivocaréis.

Tampoco no os fiéis de los que se presentan como expertos, referentes, más populares, con mayores seguidores de twitter, con más años en las espaldas, con más estudios, con más horas de vuelo, con más viajes visitados, con más congresos en los que han soltado sus ideas o con más canas. Por lo general, los tortuosos caminos para alcanzar tales hitos tienen más que ver con el azar que con la transpiración o el talento, y de nuevo los sesgos cognitivos producen que uno se crea que sabe más de lo que sabe, y que otros crean que el que dice que sabe tanto realmente lo sepa (de ahí que los críticos de cine, por ejemplo, tengan tantos lectores… aunque sea relativamente fácil encontrar críticos de cine opinando de forma opuesta sobre una misma película). Mi consejo es que os fiéis mejor de quienes parecen conectar con vuestra forma de ver las cosas, vuestra sensibilidad y hasta vuestra inteligencia. Gente con la que acabaríais tomando un café toda la tarde.

Bonus track

Para los que queráis las fuentes, comprobar todo lo anteriormente escrito (lo cual os recomiendo) o simplemente aprender más sobre lo torpe que es nuestro cerebro para percibir las cosas como son realmente (lo cual os recomiendo doblemente), aquí vienen algunos de los libros que me han inspirado para escribir este texto:

  • Las trampas de la mente, de Joseph Hallinan
  • Pensar rápido, pensar despacio, de Daniel Kahneman
  • Kluge, de Gary Marcus

Naturalmente, nadie tiene la última palabra. Ni los libros, ni las guías, ni los locales, ni los expertos. La última palabra es solo el objetivo del que busca, no la consecución del que cree haber encontrado. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en la siguiente anécdota viajera. Pago Pago, el principal puerto del archipiélago de las islas Samoa, en el Océano Pacífico, se llama así debido a un error deliberado producido por los misioneros europeos que trataron de escribir las costumbres del lugar y hacer un glosario del habla local. Al parecer, la mayor parte de las palabras de los habitantes de esta región contienen un sonido de “n”. Como no existían tantos tipos de plomo con esa letra en las imprentas locales, se vieron obligados a eliminar algunas en su libro, que luego se difundió con estos cambios. En realidad, el nombre que los nativos habían dado a su isla era Pango Pango.

Pues eso.

Imagen | Lena_J

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