Esta idílica ciudad francesa alberga una puerta que es Patrimonio de la Humanidad y está a solo 10 minutos de la frontera con España

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Liliana Guerra

Cualquiera que haya ido al norte sabe que este es una fuente inagotable de joyas por descubrir, incluso más allá de nuestras fronteras. Precisamente apenas diez minutos de Navarra, al otro lado de los Pirineos, se esconde una localidad que parece detenida en el tiempo, donde las montañas rodean calles empedradas y casas de piedra que invitan a pasear sin prisa.

Hablamos de Saint-Jean-Pied-de-Port, un destino perfecto para quienes buscamos una escapada motivadora, cuando el calor sofocante del verano da paso a días más suaves y la experiencia de recorrer un rincón como este adquiere una magia especial.

Aunque se trata de un típico "pueblo de cuento", en realidad alberga una rica historia y un Patrimonio Mundial, así que más allá de su belleza, es un lugar para saborear y recorrer palmo a palmo. Además, es el punto de partida de la durísima etapa pirenaica del Camino Francés, lo que añade un toque de aventura incluso para quienes solo quieran recorrer unos kilómetros de sendero.

Saint-Jean-Pied-de-Port: la puerta mágica al Camino de Santiago

Saint Jean Pied De Port

La historia de este enclave se remonta a la Edad Media y está íntimamente ligada al Camino de Santiago, lo que explica por qué su trazado urbano y sus monumentos transmiten una sensación de acogida al viajero. Su emblema más destacado es la Ciudadela, levantada en el siglo XVII sobre una colina que domina todo el valle. Desde allí, las vistas son espectaculares y permiten comprender su importancia estratégica. Descender hacia el casco histórico, perfectamente conservado, es como viajar atrás en el tiempo: casas con entramados de madera, balcones llenos de flores y un trazado medieval que gira en torno a la Rue de la Citadelle, su arteria principal.

Entre los edificios que merece la pena visitar destaca la Casa Arcanzola, una de las más antiguas de la villa y ejemplo de la arquitectura vasco-navarra que aún pervive. Muy cerca se encuentra la Cárcel de los Obispos, un espacio curioso que guarda leyendas y testimonios sobre los peregrinos que, en su tránsito hacia Compostela, se veían obligados a hacer un alto en el camino.

Otro punto imprescindible es la iglesia de Notre-Dame du-Bout-du-Pont, de estilo gótico navarro, que recibe al viajero justo al cruzar el río Nive. Pegada a ella se alza la Puerta de Notre-Dame, incluida dentro del conjunto de accesos históricos de la muralla. Pero la más emblemática de todas es la Porte Saint-Jacques (Puerta de Santiago), por la que durante siglos entraron los peregrinos que llegaban desde Saint-Jean-le-Vieux en dirección a Roncesvalles. Este acceso monumental fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998 como parte del conjunto “Caminos de Santiago en Francia” reconocido por la UNESCO. Construida en piedra arenisca y encajada en la muralla del siglo XIII, la puerta conecta directamente con la Rue de la Citadelle, transformándose en símbolo de bienvenida y en una evocadora antesala del viaje espiritual hacia Compostela.

Rue Despagne Calle de España | Saint-Jean-Pied-de-Port Tourisme

El recorrido continúa por la calle de España, animada y llena de tiendas de artesanía (especia atención a las alpargatas y cerámica que aquí se fabrica), delicatessen y pequeños restaurantes donde saborear la espectacular gastronomía local. Aquí se respira un ambiente que mezcla lo turístico con lo auténtico: peregrinos con mochilas conviven con viajeros de escapada y vecinos que mantienen vivo el carácter de la villa.

Es imposible dejar de mencionar que el nombre del pueblo hace referencia a su ubicación “al pie del puerto” de Roncesvalles, histórico paso de montaña cargado de leyendas. Si venís además podréis observar que, pese a ser francés, la influencia cultural y lingüística vasca impregna cada rincón, desde los carteles hasta el sabor de su cocina.

Imagen | Visit Bayonne

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