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Ruta con pase Interrail: de Barcelona hasta Colmar, el pueblo más bonito de Francia
Francia

Ruta con pase Interrail: de Barcelona hasta Colmar, el pueblo más bonito de Francia

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Francia es un país enorme, tanto en términos físicos como culturales, gastronómicos e incluso arquitectónicos. Las tierras francesas están jalonadas de castillos de ensueño, de bosques tan verdes que parecen de plástico y de ríos caudalosos que podemos recorrer en barcos. Además cuenta con miradores que casi tocan el cielo, como la Aiguille du Midi, que desde sus terrazas a 3.777 metros y ofrece una vista a 360° de todos los Alpes franceses.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de disponer de un pase de Interrail para recorrer el país a mi aire, cogiendo todos los trenes que quería (los de alta velocidad incluidos) para abarcar toda la macedonia que ofrecía Francia en el mínimo tiempo posible y con la flexibilidad del que solo se desplaza cuando le apetece, cuando ha terminado de ver una cosa y quiere ver la siguiente. Este recorrido zigzagueante comenzó en Barcelona culminó en Colmar, posiblemente el pueblo más bonito de Francia (o al menos el que parece más propio de un cuento de hadas que de la realidad). Y esto fue lo que vi.

Viajando el tren

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Una de mis formas favoritas para desplazarme por el mundo, además de la bicicleta (que permite moverse al ritmo de las mariposas), es el tren. Quizá porque me apasionan las historias que suceden en un lugar de hechuras tan mínimas que nunca deja de avanzar, cambiando siempre de escenario. Por eso me lo pasé pipa leyendo Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie.

Viajar en tren tiene un toque romántico similar al de escribir en pluma. Sí, de acuerdo, hay formas más rápidas de llegar a un destino, como es más rápido escribir directamente en el ordenador. Pero a veces apetece quedar absorto con el movimiento oscilante de la pluma, transmitiendo los pensamientos directamente a un papel, oliendo la tinta, oyendo el rasgueo de la punta metálica. De igual modo, el tren impone un traqueteo hipnótico al viaje, contemplando por la ventanilla cómo se suceden distintos paisajes. De hecho, ningún otro medio de transporte de tierra permite estar cominedo con plato y cuchara mientras disfrutas del movimiento, los caminos, el horizonte y, sobre todo, el ir y venir de los viajeros: ¿de dónde vendrán, a dónde irán?

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Mi viaje quería culminar en Colmar, una ciudad y comuna en el departamento del Alto Rin, en la región de Alsacia, de modo que requería cierta velocidad para llegar hasta allí. Esta región se encuentra al norte de Francia, limítrofe con Alemania, y desde Barcelona tenía que cubrir casi mil kilómetros de distancia.

Una de las ventajas de mi pase interrail, expedido por Voyages-sncf.com, un distribuidor online, es que te permite también reservar asientos en trenes de alta velocidad TGV, así como en otros países, planificando el viaje y encontrando con atelación mejores tarifas. De modo que el viaje de regreso (no tanto el de ida, que fue punteado por visitas a otros lugares, como Lyon), fue rápido y sin contratiempos.

Colmar

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Al poco de llegar a Colmar pensé que me había equivocado. Al salir de la estación de tren no me topé con la ciudad idílica, como salida de la pluma de los hermanos Grimm, que me prometían las fotografías de otros viajeros. Sin embargo, al poco descubrí que Colmar es una ciudad grande sin demasiados atractivos, y que la belleza fotogénica se concentra exclusivamente en el centro histórico: una maraña de calles que se cruzan y entrecruzan sin cesar.

En 2007, Colmar tenía una población 66.560 habitantes. Pero sus habitantes se duplican y hasta se triplican a causa del turismo. Es decir, que os recomiendo ir a Colmar evitando en lo posible agosto y los fines de semana. Yo fui exclusivamente unos días laborales de junio y, a pesar de que se estaba relativamente tranquilo, incluso así había muchos visitantes. Aquí nacieron muchos personajes célebres, como Frédéric Auguste Bartholdi, creador de la famosa Estatua de la Libertad, pero sobre todo es un remanso de paz para visitantes célebres.

Como podéis ver en las fotos, el centro parece un plató cinematográfico o un parque temático. Todo parece irreal porque es demasiado perfecto. En realidad, le debemos este efecto a la excelente conservación de su patrimonio histórico, sobre todo de las fachadas: de estilo gótico alemán y primer Renacimiento.

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El culmen de la belleza de Colmar se concentra específicamente en un par o tres de calles por las que discurre un río navegable por barcas pequeñas. No en vano, esta zona ha sido bautizada como la pequeña Venecia francesa. Existe la posibilidad de recorrer el río en barquito, al estilo góndola veneciana, pero el recorrido es tan modesto que sinceramente creo que no vale la pena: es suficiente con bordear la ribera a pie y... no dejar de hacerle fotos a todo.

Colmar también dispone de un par de calles repletas de tiendas, una detrás de otra. En una de las calles se alinean tiendas de alto copete y marcas internacionales, para carteras abultadas, y en la otra, tiendas más tradicionales, algunas de las cuales merecen ser fotografiadas por su pintoresquismo. Pero, aparte, en casi todas las calles nos iremos topando con tiendecitas originales donde adquirir exquisiteces de la gastronomía alcasiana.

Y abordando la gastronomía, no puedo olvidarme de que, en general, la experiencia en todos los restaurantes que probé fue asombrosamente deliciosa. La gastronomía alsaciana, tan alemana ella, es para estómagos fuertes, y se disfruta más cuando el mercurio se acerca a los 0 ºC, pero aún así no podéis abandonar Colmar sin probar los platos típicos. Yo probé el como el cocido baeckeoffe, cuya preparación es una cocción muy lenta (se extiende sobre más de 24 horas) de rodajas de patatas y otros ingredientes.

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Pero si he de escoger un restaurante entre todos los que probé en Colmar, no puedo olvidarme de La Table du Brocanteur, posiblemente uno de los cinco mejores restaurantes que he probado en toda mi vida. Y al que regresaré cada vez que pase por Colmar. Para valorar un restaurante como supremo, y es el caso, no me baso solamente en la calidad de los platos, que está fuera de toda duda, sino en otros muchos factores, como la ambientación, la decoración, la comodidad, e incluso la amabilidad de los camareros (en este caso, la dueña, parecía nuestra mejor amiga). Es decir, la experiencia completa.

En ese sentido, pues, La Table du Brocanteur es lo mejor que podéis encontrar por allí. A pesar de que tienen un horario muy restrictivo y muchos días está cerrado por descanso, vale la pena doblegarse a sus exigencias para pasarse tres o cuatro horas probando su carta (no hay mucho para elegir, pero no importa: lo que hay es lo que os gustará). Mención aparte merece la decoración: os pasaréis una buena hora para distinguir todas las cosas curiosas que decoran el restaurante, en plan horror vacui.

Las ventajas del Interrail

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Si buscáis un viaje de exploración donde la improvisación sea posible, entonces nada como un pase de Interrail como el que yo usé en este viaje. Porque ofrece la posibilidad de adquirir billetes de tren de alta velocidad desde ciudades españolas a diversas ciudades francesas y, sobre todo, permite escoger de forma flexiblemente las reservas de los asientos para los días que vayan apeteciendo sobre la marcha.

Por ejemplo, si tienes un 6 días de un mes, durante ese mes en curso puedes viajar los 6 días que tú escojas. El día que vayas a viajar, sencillamente tienes que apuntarlo con bolígrafo en tu billete, hasta gastar tus 6 días. Así por ejemplo, si estás unos días en Colmar, puedes escoger qué día seguir el viaje sin presiones. Y siempre sin gastar ni un solo euro más del que ya gastaste inicialmente para adquirir el pase.

Y, por supuesto, viajar en tren supone tiempos de embarque más cortos, los generosos límites de equipaje, la posibilidad de utilizar los dispositivos electrónicos (e incluso hay enchufes para que no se descarguen), así como llegar directamente al centro de las ciudades, ahorrando tiempo y dinero en desplazamientos.

Y quién sabe si a bordo del tren también vivís alguna aventura como las descritas por Agatha Christie.

Disclaimer: Pude visitar Francia gracias a una invitación de Voyages-sncf.com. Dicha invitación no compromete mi opinión sobre el destino/servicio.

Imágenes | Sergio Parra

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