
Si bien no suelo ser partidaria de las distinciones entre sexos, salta a la vista que el neceser/botiquín de una mujer, por razones obvias, ha de contener algunos artículos diferentes a la bolsa de aseo de un hombre.
Tras algunos kilómetros recorridos, me siento orgullosa de decir que, del neceser que cargaba en mis primeros viajes al que ahora llevo, he conseguido eliminar casi todos los elementos sobrantes hasta reducirlos al mínimo indispensable. Y nunca he notado la carencia de nada.
Bajo mi experiencia, además, cuanto más largo sea el viaje que vayamos a emprender, más pequeño ha de ser el equipaje que llevemos. En vistas a una romántica escapada de fin de semana con nuestra pareja a Venecia, tal vez queramos llevar varios vestidos para las veladas nocturnas, unas planchas para arreglarnos el cabello, perfume… Todos ellos artículos que en un viaje de varios meses por el sudeste asiático, por ejemplo, no son necesarios.
Por eso, hoy me animo a compartir con vosotros el contenido de mi neceser/botiquín, con el fin de dar una referencia a todas aquellas mujeres que estén preparando un viaje más o menos largo, y teman dejar algo importante en casa.
Siguiendo esta lista, vuestros cuidados mínimos de higiene y salud están garantizados.
Extras: Quizá echéis en falta “básicos” como tapones para los oídos o el repelente para insectos. Es que, en mi caso, los primeros son absolutamente prescindibles porque no soy una persona que tenga problemas para dormir en ambientes ruidosos; y en cuanto al repelente para insectos… a fuerza de recibir cientos de picaduras, hace tiempo que dejé de usarlo. Pero admito ser un bicho raro, así que mejor llevadlo.
Este apartado es el que más ha visto menguar su tamaño viaje tras viaje. Reconozco que comencé llevando de todo: crema antiinflamatoria, antihistamínico, pastillas potabilizadoras para el agua… dando como resultado un botiquín que haría temblar a la caseta de primeros auxilios de Mitch Bucanan. Ahora, mis escasas “medicinas” entran en un bolsillo del neceser, y pueden resumirse de la siguiente manera:
Importante: Si usáis algún tipo de anticonceptivo, debéis tener en cuenta que en muchos países tal vez os resulte difícil encontrar vuestra marca de siempre. Éste es el caso, por ejemplo, del anillo Nuvaring, cuyas especiales características hacen que no podamos sustituirlo por la píldora inmediatamente, en caso de no encontrar el anillo allí donde vayamos.
Y dado que para un viaje de varios meses no podemos llevar diez anillos encima porque los estaríamos exponiendo a condiciones de calor y humedad nada aconsejables para su buena conservación, yo os recomiendo cambiar a la píldora y anotar bien la proporción de sus componentes. Así, en caso de necesitarla, por ejemplo en Bangkok, y no encontrar la misma marca, podréis acudir a un hospital y que un médico os aconseje cuál es la más parecida o recomendable para vosotras.
Extras: Una vez más, habréis echado un falta un montón de “básicos”: crema antiinflamatoria, vendajes, tiritas, antidiarréico, antibiótico de amplio espectro… Y es que, una vez más, yo ya no llevo nada de eso. La experiencia me ha enseñado que casi cualquier cosa que pueda necesitar, se encuentra fácilmente en todas partes. Y, por fortuna, de momento no he tenido que buscarlo.
Es que, a veces, compramos y compramos cientos de “por si acasos”, cuando resultaría mucho más saludable para nuestra espalda (y bolsillo) no llevar nada y sólo comprar en caso de verdadera necesidad. Una necesidad que, si tenemos suerte, tal vez nunca llegue.
De todas formas, si es vuestro primer viaje a algún país exótixo, o tenéis tendencia a enfermar del estómago, no está de más que metáis una cajita de Tiorfan (¡no Fortasec!) por si os toca la casi inevitable diarrea del viajero.
Con esta sencilla lista, el neceser de una mujer viajera puede considerarse más que completo. Aunque así enumerado parezca mucho, os aseguro que todo junto no ocupa más de una décima parte de mi mochila, y mi mochila tiene una capacidad de 50 litros.
Foto | Graham
En Diario del Viajero | Consejos para armar el botiquín de viaje, Viajar con niños IV: el botiquín