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Bhaktapur, una ciudad detenida en el tiempo

Bhaktapur, una ciudad detenida en el tiempo
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No es la primera vez que os hablamos de las bondades de Nepal. Se nota que es uno de nuestros destinos preferidos, y no es para menos: su autenticidad y sencillez lo convierten en uno de esos lugares únicos en su especie, donde el mito del Shangri-La parece estar todavía vivo y al alcance de cualquiera que quiera descubrirlo.

Sin escarbar demasiado, hoy vamos a desplazarnos hasta Bhaktapur, una ciudad situada a pocos minutos de la bulliciosa Kathmandú, que a pesar de su cercanía a la capital ha sabido mantener todo su encanto.

Recorrer las calles de Bhaktapur es visitar un museo al aire libre. Cada plaza, cada templo, cada edificio, es una obra de arte; lo que unido al encanto de sus habitantes y a la limitación en la circulación de grandes vehículos dentro de la ciudad, hace que dar un paseo por sus callejuelas se convierta en un verdadero viaje en el tiempo.

Fundada en el año 889 D.C por el rey Ananda Malla, la ciudad recibe un nombre que según su traducción literal del sánscrito significa “Ciudad de los Devotos”. Bhaktapur no alcanzaría su máximo apogeo hasta el siglo XII, cuando gracias a su posición estratégica en la antigua ruta comercial entre India y Tibet, se convirtió en el nucleo urbano más importante de Nepal, centro neurálgico del poder político y económico del país durante casi cuatro siglos.

Ahora, con una población de no más de 75.000 habitantes, Bhaktapur es la tercera ciudad más grande del Valle de Kathmandú, y de parada comercial ha pasado a ostentar el título de Patrimonio de la Humanidad desde el año 1979. Y, por supuesto, a ser un stop absolutamente obligatorio para todos aquellos que visiten este fascinante país.

Bhaktapur es un verdadero paraíso para los amantes de la fotografía, quienes serán testigo de como el paisaje urbano cambia al paso de las horas, y rápidamente comprobarán que un solo día no es suficiente para tomar todas las imágenes que su privilegiada arquitectura puede proporcionarles.

Cualquier recorrido por la ciudad comienza por la Plaza Durbar, alrededor de la cual se encuentran algunos de los edificios más hermosos de Bhaktapur: el Palacio Real, el templo Vatsala, y el impresionante templo Nyatapola: una pagoda de cinco pisos flanqueada por estatuas de elefantes, leones y otras deidades, cuya contemplación, siquiera desde fuera, basta para sobrecoger a cualquiera.

Bhaktapur, Nepal - aldeano

Sin embargo, y aunque la simple descripción de cada templo fuese más que suficiente para escribir artículos enteros, uno de los puntos fuertes de Bhaktapur es la amabilidad y el trato de sus habitantes: el alma de la ciudad.

Bhaktapur, en su calidad de Patrimonio de la Humanidad, es una ciudad muy protegida. Tanto es así que para acceder al casco antiguo hay que comprar un ticket y todas las puertas de entrada a él se encuentran vigiladas casi las 24 horas del día. Al contrario de lo que ocurre en otras ciudades como Kathmandú o Patán (donde también debe pagarse para visitar sus respectivas Plazas Durbar), burlar esa vigilancia es una tarea cuanto menos, difícil.

Quizá sea precisamente esa protección la que hace de Bakhtapur una ciudad detenida en el tiempo, menos contaminada o afectada por los efectos del turismo y un lugar mágico donde, al caer la noche, cuando la electricidad brilla por su ausencia y los lugareños se reúnen en las entradas de las casas para cantar a la luz de las velas, uno llega a olvidar el año en el que vive.

Para llegar a Bakhtapur sólo tenemos que tomar un taxi o, más barato todavía, cualquiera de los numerosos autobuses locales que varias veces al día parten de la terminal de autobuses de Kathmandú, cerca del barrio de Thamel. La distancia no supera los 15 kilómetros.

La entrada al casco histórico cuesta 750 rupias nepalíes, y da derecho a permanecer en la ciudad durante una semana, así como a alojarse en los numerosos hoteles que en el casco histórico se cuentan por decenas, si bien son un poco más caros que los de las afueras de la ciudad. Si tenéis la oportunidad, no dejéis de probar un buen plato de momos en un auténtico restaurante local, ¡después me lo contáis!

Imágenes | Birger Hoppe, Fernando Nunes En Diario del Viajero | Nepal: Pharping, un oasis de paz en el valle de Kathmandú, Viaje a Nepal y norte de India: recomendaciones de la casa

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