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Pokhara, puerta de entrada a los Annapurnas

Pokhara, puerta de entrada a los Annapurnas
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Pocas serán las personas que no incluyan Pokhara como una parada imprescindible en su viaje a Nepal. Y es que esta ciudad, de gran importancia en la antigua ruta comercial entre India y Tibet, se ha convertido en el segundo núcleo turístico del país, sólo por detrás de Kathmandú.

Motivos no le faltan: su privilegiado emplazamiento junto al lago Phewa Tal, entre impresionantes cataratas y montañas nevadas, hace de ella el lugar ideal para practicar todo tipo de actividades al aire libre, tales como parapente, rafting, rutas en bici o a caballo, y caminatas por los alrededores.

Entre éstas, una de las más exitosas es la excursión hasta la Pagoda de la Paz Mundial, situada en una montaña desde cuya cima puede apreciarse una hermosa vista de la ciudad. Sin alejarse tanto, otra visita muy recomendable es la llamada Cascada del Diablo, donde el arroyo Pardi Khola desaparece bajo tierra, y que en temporada de lluvias compone todo un espectáculo visual y sonoro.

Pero si algo ha hecho tan conocida a Pokhara, es el tratarse de uno de los puntos de partida preferidos para emprender el circuito de los Annapurnas: un apasionante trekking de varios días que, además de permitir conocer remotas aldeas a las que resulta imposible acceder por carretera, ofrece unas insuperables vistas de la cordillera del Himalaya. Sin duda, una oportunidad única para poner a prueba el aguante físico de los más deportistas.

Uno de los aspectos que menos puede gustar, o al contrario (aunque en menor medida) puede encantar a aquellos que se acerquen a Pokhara, es el aspecto que actualmente presenta la ciudad. La gran afluencia de turistas ha provocado que sus habitantes se adapten a marchas forzadas a los nuevos tiempos, con todo lo que ello conlleva, para lo bueno y para lo malo.

De esta forma, la zona conocida como "Lakeside", donde se aglutinan la mayor parte de los hoteles, restaurantes italianos, pubs y tiendas, puede hacer dudar a más de uno de encontrarse realmente en el país de los Himalayas, y no en cualquier ciudad costera del Mediterráneo.

No obstante, mirándolo por el lado positivo, Pokhara se convierte así en un excelente lugar donde relajarse unos días, disfrutando de la buena comida y los pequeños "lujos" que sólo un lugar acostumbrado a recibir miles de turistas al año puede ofrecer. Especialmente cuando hablamos de un país como Nepal, donde en las zonas más rurales servicios básicos como la electricidad brillan por su ausencia.

La forma más sencilla de llegar a Phokara es hacerlo desde Kathmandú: numerosos autobuses unen ambas ciudades en un trayecto que puede durar seis u ocho horas, en función del estado de las carreteras. Aunque el viaje sea largo, no resulta demasiado aconsejable hacerlo de noche: no sólo os perderéis los hermosos paisajes del camino, sino que tampoco conseguiréis dormir debido a los baches y al vaivén del vehículo.

Personalmente, recomiendo visitar Pokhara en temporada baja. El motivo, además de la lógica bajada de los precios tanto en el alojamiento como en las agencias que organizan los trekking, es muy sencillo: ¡los atardeceres en el lago se disfrutan mejor con poca gente!

Foto | Sebastian en Flickr En Diario del Viajero | Pharping, un oasis de paz en el Valle de Kathmandú, Bhaktapur, una ciudad detenida en el tiempo

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