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Disney quiere que tu hijo se acostumbre a usar su propio dinero
Cajón de sastre

Disney quiere que tu hijo se acostumbre a usar su propio dinero

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Los tentáculos de The Walt Disney Company son tan ubicuos que, además de haber copado la industria audiovisual, haber abierto parques gigantesctos por todo el planeta e incluso haber fundado ciudades, ahora aspira a otra cosa todavía más psicológicamente perturbadrora.

Que tus hijos, que todos los niño en general, se acostumbren a usar su propio dinero para gastárselo en sus instalaciones.

Dinero de juguete pero real

En 2013, el Disneyworld de Orlando lanzaba las MagicBands, unas pulseras ajustables de plástico muy resistente que se adaptaban a niños y adultos por igual. Estas pulseras sirven para entrar en el parque de atracciones, abrir las puertas de los hoteles Disney e, incluso, para pagar por bienes y servicios en el recinto.

Con estas pulseras, pues, los niños pueden realizar determinadas compras, con total autonomía económica: los gastos que realicen se cargan en las cuentas de los padres, naturalmente. La única condición legal es que el niño tenga más de diez años de edad.

Cada MagicBand contiene un dispositivo de radiofrecuencia de alta frecuencia y un transmisor que envía y recibe señales a través de una pequeña antea interior.

Es decir, en otras palabras, todos los niños que lleven esas pulseras inteligentes no solo les brillarán los ojos con el fenicio destello del dinero, sino que, a efectos prácticos, será como si llevaran consigo un smartphone hackeado con el que Disney puede obtener toda clase de información.

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Lo explica así Thomas P. Keenan:

Con una buena red y un software de seguimiento con la inteligencia suficiente, los puestos de venta del parque, los persoanjes de Disney, los hackers y los ladrones de identidades "te verán venir" literalmente. ¿Compraste un almuerzo vegetariano? ¿Le diste la mano a Minnie pero no se la diste a Mickey? ¿Quizá visitas los servicios cada media hora? Si luces la versión disneyana de los monitores de tobillo de información que llevan los presidiarios, estarás transmitiendo un flujo constante de información a un sistema que no descansa mientras decide cuál será la siguiente cosa que te venderá.

Esto es solo el principio de la llamada Internet de las Cosas. Y quizás el lugar donde será más perturbadoramente fácil de instalar, más allá de los cruceros de vacaciones, sea precisamente en reinos de fantasía donde todo es felicidad y códigos morales intachables.

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