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Japón: tierra de terremotos, tierra de resiliencia
Japón

Japón: tierra de terremotos, tierra de resiliencia

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Japón es un país fascinante, casi como si fuera un planeta extraterrestre, sobre todo en algunas de sus costumbres. Sin embargo, Japón es vulnerable e inestable. Epítetos de los que, irónicamente, ha obtenido su mayor capacidad de resiliencia (la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas).

Y es que en este país tienen lugar casi el 20 por ciento de los terremotos por encima de 6 grados en la escala Richter que hay en el mundo.

Placas tectónicas

La razón de que Japón sea un país tan proclive a los terremotos es que está rodeado por cuatro placas que colisionan entre sí a una velocidad de entre 4-10 centímetros por año.

El terremoto del 11 de marzo de 2011 fue el más potente en Japón y el quinto más fuerte registrado en la Tierra desde que hay mediciones, llegando a desplazar el eje de la Tierra 25 metros y la isla de Honshu 2,4 metros al oeste. Causó 120.000 muertes, en general ahogados por el tsunami que vino luego.

Con todo, la mayoría de terremotos son pequeños, aunque no por eso dejan de ser relativamente letales. En 2014, por ejemplo, hubo uno pequeño de 6,4 grados que mató a 42 personas. Otro en el año 2016 mató a 50 personas. Ambos terremotos se produjeron en Kyushu.

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Sin embargo, el terremoto que más daño ha originado en Japón tuvo lugar en 1923: el Gran Terremoto de Kanto. Con 7,9 grados en la escala Richter, provocó la muerte de unas 105.000 personas y la pérdida de 1,5 millones de hogares.

Estos continuos desastres, lejos de crear una impronta de miedo y desesperación entre los japoneses, les han convertido en una sociedad fuerte, colaboradora y hasta capaz de hallar una forma de reinventarse a través de la tragedia, tal y como explica Florentino Rodao en su libro La soledad del país vulnerable a propósito de las reacciones del Gran Terremoto de Kanto:

El escritor y poeta Paul Claudel, que entonces era embajador de Francia, recordó las instrucciones para evitar el derrotismo en los días que vivió en un campamento de supervivientes: "no escuché ni un lamento, no se debía incomodar ni molestar a los vecinos con movimientos bruscos ni sentimientos negativos. Todos tenían que permanecer tranquilos, juntos en el mismo barco".

Este sentimiento se ha trasladado a la cultura y a la lengua. No en vano,la palabra "crisis" (危機=kiki) está compuesta por los caracteres 危=»peligro» y 機=»oportunidad»:

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