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Nuestro lector, Antonio Soler, ha disfrutado de un viaje muy especial al Parque Natural Cabo de Gata ya que lo vivió con su familia y amigos. Aquí nos lo cuenta:
“Cansados del viaje, entramos en un paisaje costero salpicado con algunos palmerales y llegamos al Complejo Turístico Los Escullos. Encontramos muy confortable nuestro bungalow para pasar unos días de vacaciones y aventuras. El tiempo era estupendo y nos costó convencer a nuestros hijos para recogernos. Picamos algo y con una taza de chocolate, sacamos el mapa sobre la mesa. Estábamos felices y descansamos con la ilusión de coger fuerzas para la marcha del día siguiente.
Después de un buen desayuno, con el típico pan con tomate y aceite de oliva, salimos temprano y nuestra pequeña expedición se dirigió hacia el Castillo de San Felipe. Desde el principio nos sorprendió aquel paisaje claro y abierto con el mar al fondo. La fortaleza estaba cerrada y subimos por el acantilado extendiendo la vista a izquierda y derecha, el mar estaba en calma, sorprendiéndonos su claridad sobre las rocas. Millones de años nos separaban del origen volcánico de aquel paisaje.
Comentamos nuestras sensaciones y salimos al camino andando hasta la Cala del Embarcadero, teniendo que convencer a los niños de que no metieran los pies en el agua porque nuestra ruta acababa de empezar. Antes de comenzar a ascender por la ladera de la costa, encontramos una señal que marcaba el comienzo del Sendero de la Loma Pelada, una pista de tierra por la que andamos con ganas, disfrutando todo el rato de la vista del mar, que cambiaba de color sobre fondos de roca, de arena y de bosques submarinos.
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