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La costa de Irlanda del Norte no solamente se condensa en la mítica Calzada del Gigante, el trayecto desde Belfast a través de la carretera de la costa nos lleva por pueblecitos pesqueros de gran belleza. A lo largo de toda la costa este las pequeñas montañas van originando valles, hasta un total de nueve, y besan el mar con sus plácidas laderas de verde.
Larne, Ballygalley, Glenarm, Crushendal, Glenariff, son bonitos pueblos pesqueros diseminados por la costa en cuyos prados también dan lugar a bonitas caminatas y partidas de golf en campos considerados como lo mejores del mundo.
Uno puede alquilar un coche y realizar toda la ruta por si mismo. Si pretendéis hacerlo en un día quizá conviene subirse a un tour que por 8 libras os harán el recorrido y explicarán con detalle cada uno de los lugares más emblemáticos.
Cuando se llega al norte de la isla, el famoso puente de cuerda Carrick-a-rede, nos trae una de las sensaciones fuertes de la jornada. A una altura de unos 100 metros el puente une tierra con una pequeña isla entre acantilados. Lo rodean playas que parecen caribeñas y el verde de las montañas crea un espectáculo precioso de colores. Especialmente si el sol brilla, sereis incapaces de pensar que verdaderamente os halláis en la Isla Esmeralda. Cruzar el puente es toda una experiencia, aunque la cola para cruzarlo os desmotive un poco, merece la pena subirse sobre las cuerdas y cruzarlo mirando al vacío y sintiendo la ligereza del puente.
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