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Desmontando mitos viajeros: en las alcantarillas de Nueva York hay cocodrilos albinos

Desmontando mitos viajeros: en las alcantarillas de Nueva York hay cocodrilos albinos
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Tras de las epidemias de cólera de 1832 y 1866, la ciudad de Nueva York decidió dedicar recursos a la canalización del agua y de las aguas residuales: el servicio de alcantarillado fue fundado en 1849. Pero hoy en día es un entramado tan gigantesco que… sale humo de él, literalmente.

Bien, no es exactamente humo, sino vapor de agua. Y es que las entrañas de Gran Manzana disponen de tuberías que distribuyen vapor de agua por toda la ciudad que, una vez contratado, se puede usar para la calefacción o para hacer que funcionen las enormes máquinas de aire acondicionado de las tiendas o las empresas.

Estamos ante la mayor red de distribución de vapor del mundo (por sus más de 160 kilómetros de tuberías pasan unas 14 millones de toneladas de vapor al año), y eso provoca que de algunas alcantarillas brote un humo: todo el que haya visitado Nueva York lo ha podido ver, o incluso aparece en innumerables películas. Otras veces, una grieta en una tubería provoca un escape, de modo que se deben situar unas chimeneas de franjas rojas y blancas para proteger a los transeúntes.

Pero hoy vamos a centrarnos en otro misterio del alcantarillado neoyorkino.

Monstruos en tu váter

alligator
Un sistema de alcantarillado tan inmenso ha suscitado no pocas leyendas urbanas a su alrededor. Por ejemplo, que alberga cocodrilos albinos.

Una leyenda urbana que se remonta a un artículo publicado en 1935 en el New York Times según el cual unos jóvenes de la calle 123, en las proximidades del río Harlem, se habrían topado con un caimán emergiendo de una alcantarilla de Harlem y lo habían golpeado con palas hasta matarlo. Algo bastante difícil, ante todo porque los caimanes no pueden sobrevivir en las alcantarillas a causa de la falta de luz: precisan de la radiación ultravioleta del sol para procesar el calcio que consumen.

Además, el frío de Nueva York en invierno desarmaría completamente el cocodrilo albino: las ratas no tardarían en comérselo. Por otro lado, alimentarse de los productos normalmente tóxicos de las alcantarillas puede servir para las ratas, por ejemplo, que llevan miles de años conviviendo con los seres humanos y se han adaptado genéticamente, pero un cocodrilo no tardaría en morir comiendo tales deshechos.

Y finalmente, para tener una colonia de cocodrilos en el alcantarillado deberían sobrevivir unos cuantos machos y hembras, para que empezaran a reproducirse. Sin embargo, el mito persiste porque las alcantarillas de la ciudad son enormes, inextricables, misteriosas.

Y es que desde mediados del siglo XIX, la Gran Manzana empieza construir su enorme submundo. 1600 kilómetros de metro, 10.300 kilómetros de alcantarillas y más de una docena de túneles bajo sus ríos.

En esa compleja red hay fuertes del siglo diecisiete, túneles de contrabandistas y diversos antros clandestinos surgidos durante la ley seca, como el elegante club nocturno 21, bajo la llamada “calle húmeda” debido a su cantidad de bares clandestinos, la 52 de Manhattan, al que en 1920 acudía el alcalde Jimmy Walter y otros famosos y millonarios.

Fotos | Wikipedia En Diario del viajero | Desmontando mitos viajeros: los vikingos llevaban cascos con cuernos, y la redondez de Colón

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