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En Botnia aparecen y desaparecen territorios de forma caprichosa y dos países deben decidir continuamente de quienes son
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En Botnia aparecen y desaparecen territorios de forma caprichosa y dos países deben decidir continuamente de quienes son

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Las fronteras geográficas son arbitrarias y responde, generalmente, a accidentes geográficos. Pero si ya resulta difícil gestionar las fronteras, las secesiones, las colonias y demás problemas geopolíticos, aún lo es más si la tierra aparece y desaparece.

Eso es justo lo que sucede entre las provincias de Botnia Occidental, en Suecia, y Botnia Oriental, en Finlandia.

Golfo de Botnia

Entre Finlandia y Suecia hay una región de aguas heladas de unos cien kilómetros que separan ambos países. Las provincias anteriormente mencionadas están separadas, de hecho, por el golfo de Botnia. Pasan gran parte del año cubiertas de hielo.

Sin embargo, debido a sus particularidades geomorfológicas, aparecen nuevos territorios continuamente, y cada nuevo territorio debe entregarse a uno u otro país, en función de una larga y compleja deliberación.

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Así pues, el golfo de Botnia comprende miles de pequeñas islas, pero cada año que pasa, nuevos territorios asoman sobre las olas de agua gélida: ¡una media anual de un kilómetro cuadrado de tierra firme!

El archipiélago de Kvarken, en el centro del golfo, es de hecho un ejemplo espectacular de este fenómeno, tal y como explica Alastair Bonnett en su libro Lugares sin mapa:

Es una zona bucólica, moteada de cabañas veraniegas, que pertenece a Finlandia, pese a lo cual vive en ella una importante minoría de habla sueca. Muchas de las casitas fueron en su día cabañas de pescadores que hoy se encuentran bastante alejadas de la costa.

En los últimos 30 años, la elevación de este terreno de casitas se ha elevado unos 25 centímetros. Otros pueblos y aldeas también han tenido que alterar sus puertos varias veces porque la línea de la costa cambia constantemente, cual fractal.

El golfo tiene 6.550 islas, y cada vez tiene más. Cada nuevo terreno, se suele acordar que éste formará parte del país en función de a quién pertenecía el segmento de agua que había antes ahí, pero se excluye el tramo de costa. Por eso los problemas no dejan de surgir:

De ahí se sigue que, si el propietario de la costa desea construir en la zona que ha aparecido de entre las aguas, y que ahora se encuentra entre su propiedad y el agua, necesitará el permiso de la persona propietaria de las aguas en las que asomó la tierra (...) La mayoría de las poblaciones tienen comités de tenencia de la tierra, cuya misión consiste en adjudicar los nuevos terrenos.

Otro problema es que, a medida que sube la tierra (o baja el mar), las islas pueden dejar de ser islas porque se anexionan a territorios. Otras islas caban siendo propiedades comunitarias. Y el aumento del nivel del mar y el calentamiento global incluso lo están complicando todo mucho más.

Poniendo de manifiesto, una vez más, cuán arbitrarias son las fronteras. Las geográficas. Las etnográficas. Y las mentales.

Al menos, si somos abiertos de mente y estas cosas no nos preocupan demasiado, podemos ir hasta este golfo a comer: la parte sueca del golfo en su zona más meridional es famosa por el caviar Kalix löjrom, una especialidad culinaria con Indicación Geográfica Protegida de la UE. En las inmediaciones de la ciudad de Kalix y las islas que la circundan desova el corégono blanco que es la materia prima de éste caviar, cuyo sabor único parece ser que se debe a la escasa salinidad de las aguas del golfo.

Imágenes | Wikipedia

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