Este desconocido pueblo de Portugal hecho de piedra y cal y a tiro de piedra de España es perfecto para una escapada

Monsaraz
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Liliana Guerra

Portugal tiene una magia especial, y muchas veces difícil de explicar, que te va conquistando poco a poco gracias a la intensidad de su cultura, sus calles auténticas, a la melancolía de los fados y los aromas de una gastronomía maravillosa. Aunque hay sitios que gozan de una popularidad arrolladora (en el sentido estricto de la palabra, tal y como ocurre en nuestro país), aún quedan rincones escondidos que parecen suspendidos en el tiempo. Son esos pueblos donde la vida se vive sin prisas y que nos recuerdan que la verdadera esencia de viajar está, muchas veces, lejos del ruido de las grandes ciudades.

Uno de esos tesoros se levanta sobre una colina desde la que se contempla el embalse de Alqueva, el mayor de Europa Occidental. Se trata de Monsaraz, una villa medieval del Alentejo que conserva intacta su silueta desde hace siglos. A pesar de estar a solo un paso de la frontera, sigue siendo una sorpresa para quienes la descubren por primera vez, como si el boca a boca aún no la hubiera puesto en el mapa de las escapadas más sonadas.

Este pueblo blanco se abre paso entre colinas y brilla con sus casas encaladas, que invitan a detenerte y dejarte llevar. Sus murallas encierran siglos de historia y, al atravesarlas, se despliega ante los ojos un paisaje de olivares, dehesas y aguas tranquilas. Lo mejor es que, además de su encanto intacto, aún conserva precios asequibles y un ambiente acogedor.

Monsaraz, una joya blanca del Alentejo

Monsaraz Castillo Castillo de Monsaraz| Visit Alentejo

Su historia se remonta a la Edad del Bronce, aunque fueron los templarios quienes dejaron una huella decisiva en su trazado medieval. El castillo de Monsaraz, erigido en el siglo XIII, es una de las grandes joyas del lugar. Desde lo alto de sus torres se contempla una de las vistas más espectaculares del Alentejo, con la inmensidad azul del embalse extendiéndose hasta perderse en el horizonte. Aún hoy, en su patio de armas se celebran corridas y eventos, perpetuando una tradición que mezcla lo histórico con lo popular.

Rodeado por una imponente muralla, el casco histórico de Monsaraz es un laberinto de callejuelas empedradas, casas encaladas y puertas medievales que se abren a plazas tranquilas. Entre sus monumentos más destacados se encuentran la Iglesia de Nossa Senhora da Lagoa, del siglo XVI, con una tumba de mármol donde reposan los restos del primer alcalde de Monsaraz; la Iglesia de Santiago, reconvertida hoy en espacio cultural; el Pelourinho, símbolo del poder municipal en época medieval; y el Museo de Arte Sacro, que guarda piezas de gran valor histórico. Cada rincón, desde las antiguas cisternas hasta los miradores que se asoman al lago, está cargado de memoria.

La mejor manera de conocer este pueblo de blanco inmaculado es recorrerlo a pie siguiendo una ruta sencilla: comenzar por la Puerta de Évora, la entrada principal al recinto amurallado, para adentrarse en la calle Direita, espina dorsal del pueblo y donde se encuentran las primeras casas encaladas y talleres artesanales (es imposible salir de allí sin algún souvenir). Tras visitar la iglesia y subir hacia el castillo para disfrutar de las mejores vistas panorámicas, lo ideal es bajar por las calles laterales, descubriendo los miradores sobre el embalse, antes de salir por la Puerta de la Villa, completando un paseo que resume la esencia del lugar.

Playa y monumentos megalíticos, el broche de oro para una visita completa

Playa Monsaraz Playa Fluvial de Monsaraz | Visit Alentejo

Pero Monsaraz no es solo historia y piedra: a los pies de la colina se encuentra la Playa Fluvial de Monsaraz, inaugurada en 2017 y premiada con bandera azul por la calidad de sus aguas. Situada en plena orilla del embalse de Alqueva, ofrece un rincón perfecto para refrescarse en verano, con zonas de baño vigiladas, césped para tumbarse al sol y chiringuitos donde degustar un vino o una cerveza bien fría. Además, es un espacio ideal para quienes buscan algo más de actividad, ya que desde aquí se pueden practicar deportes náuticos como kayak, paddle surf o paseos en barco. Su ambiente tranquilo la convierte en una alternativa sorprendente en pleno interior alentejano, muy distinta a las abarrotadas playas atlánticas.

Para rematar una visita completa, en las afueras de la villa se pueden visitar menhires y dólmenes prehistóricos, algunos de ellos datados entre los años 3.500 y 3.000 antes de Cristo, testigos mudos de la importancia de estas tierras desde tiempos remotos.

Imagen | Visit Evora

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