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La entrañable escultura de un ratón tejiendo una cadena de ADN que podemos encontrar en Rusia y que nos recuerda su importancia
Rusia

La entrañable escultura de un ratón tejiendo una cadena de ADN que podemos encontrar en Rusia y que nos recuerda su importancia

HOY SE HABLA DE

Mucho de lo que se sabe hoy en día sobre el cuerpo humano, y sobre todo nuestro, genoma proviene de estudios con ratones de laboratorio.

En honor a tantos servicios prestados, los investigadores del Instituto de Citología y Genética Instituto de Citología y Genética de la Academia Rusa de Ciencias en Akademgorodok (Novosibirsk, Rusia) le rinden un homenaje con una estatua de seis metros de un ratón tejiendo una cadena de ADN.

Culto al ADN

En el ADN se almacenan las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todas las partes de nuestro cuerpo. La función principal de la molécula de ADN es el almacenamiento a largo plazo de información.

En una hebra completa de ADN humano existen unas 3.000 millones de letras (adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T)), lo que equivale a unos 23.000 genes. Cada célula del cuerpo humano (con la excepción de los glóbulos rojos) contiene una secuencia de ADN de 3.200 millones de letras de longitud, es decir, 2 metros de ADN. Y es que un trozo de ADN de 1 mm de longitud contiene una secuencia de pares de bases de más de 3 millones de letras.

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Todo ello lo hemos ido podido ir esclareciendo, aplicando y experimentando gracias a algunos animales. En ese sentido, el ratón es nuestro gran aliado. Las pruebas comenzaron ya en el siglo XIX. Y cada año, solo en España se experimenta con más de 800.000 ratones de laboratorio.

Según Nikolai Kolchanov, director del instituto, el monumento conmemora el sacrificio de los ratones en la investigación genética utilizada para comprender los mecanismos biológicos y fisiológicos para desarrollar nuevos medicamentos y curar enfermedades.

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El ratón sostiene agujas de tejer en sus patas y se muestra tejiendo una doble hélice de ADN. La figura de bronce tiene en sí misma solo 70 cm de alto, pero la altura total del monumento, incluido el pedestal de granito, es de 2,5 metros.

La espiral de ADN que emerge de las agujas de tejer se enrolla hacia la izquierda, mostrando así que es el ADN-Z aún poco entendido. En contraste, el ADN-B más común (representado en las lecciones escolares) gira hacia la derecha.

El diseño del ratón fue creación del artista de Novosibirsk, Andrey Kharkevich, quien realizó más de diez bocetos antes de decidirse por un diseño final. Fue de entre las diferentes versiones de la clásica y estilizada imagen de los animales que se seleccionó un ratón que tejía la hélice del ADN.

El escultor Alexei Agrikolyansky, quien hizo la estatua, confesó que no había sido fácil capturar ese momento ya que obviamente el ratón no era humano y, sin embargo, tenía que producir un carácter y emociones para el ratón que fueran creíbles y manteniendo las proporciones anatómicas, sin que parezca ni un personaje de dibujos animados ni un ratón real.

La primera piedra del monumento se colocó en el año 2012 con motivo del 55° aniversario de la fundación del Instituto de Citología y Genética, y el monumento, de bronce, se concluyó al año siguiente. El Instituto prevé crear más esculturas para honrar a otros animales de laboratorio, junto con placas que expresen información sobre cómo cada animal ha ayudado a la humanidad.

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De hecho, ha creado ya un monumento al beduino. Sentado en un pedestal, junto a él están tallados los nombres de enfermedades humanas estudiadas y combatidas gracias a los experimentos con monos.

Poco a poco, esperemos que el lugar se llene de más estatuas que rindan culto a estos animales a los que la ciencia tanto les debe. Y también la salud humana.

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