
Es una de las obras maestras de la pintura. Leonardo la pintó directamente sobre una pared de la recientemente terminada iglesia de Santa María de las Gracias, en Milán, por encargo de su mecenas, el Duque Ludovico Sforza. Por la técnica empleada, la obra estaba destinada a desaparecer en pocos años, sin embargo la calidad de sus trazos ha logrado que generaciones de artistas se empeñaran en salvarla.
Cuando llegas a la iglesia y logras pararte frente a esta enorme pintura mural, piensas que la estancia donde te encuentras fue granero, cárcel, armería; que presos y soldados escribieron graffitis y mofas en las caras de los apóstoles; que la témpera original fue tratada con cera, óleo y cenizas para evitar su deterioro.







